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Día del Campesino, por Carlos Rodríguez



Por Carlos Rodríguez Koch, Director Ejecutivo de CultiVida.

He estado dando muchas vueltas antes de escribir este artículo, buscando la forma de ser positivo frente a la situación de la agricultura nacional.

Hay una buena noticia: las agro exportaciones siguen creciendo. Al cierre de mayo, a pesar de los inconvenientes presentados por la pandemia, el crecimiento con respecto a mayo del año 2019 era de 1.7%, destacándose la uva, palta, arándanos, plátanos,  mangos, café, entre otros. 

La noticia mala es que en el mercado nacional, los precios de la papa están por debajo de los costos de producción (S/. 0.30-0.40). La importación de papa pre frita congelada similar a la de la producción nacional de cancha está baja, hay imposibilidad de comercializar hortalizas por baja demanda, frutas enterradas al no existir compradores, cierre de carreteras por ronderos, municipios, etc.

¿Qué diferencia ambas actividades?:

Por un lado las agroindustrias: producción en grandes áreas, aplicación de alta tecnología, técnicos bien preparados y capacitados, aplicación de buenas prácticas agrícolas, procesos de certificación, concentración y formalidad de las propiedades, canalización de la venta en pocas manos, asociaciones de productores fuertes, precios en destino competitivos, infraestructura adecuada (carreteras, puertos), reglamentos establecidos.

La agricultura familiar, en cambio, tiene muchos productores, áreas pequeñas, problemas de titulación de tierras, división de propiedades (problemas hereditarios), urbanización del campo, falta de asociatividad, venta en el mercado local, precios fluctuantes, falta de tecnología, uso de semilla de dudosa calidad, falta de asesoría, esperando siempre  que el Estado solucione los problemas, entre otras cosas.

Hay  una excepción:los productores de banano orgánico en el norte del país, con pequeñas áreas, asociados con un destino final: la exportación.

Es fácil el diagnóstico de nuestra realidad, es fácil contrastar estas dos realidades, es fácil decir que el campesino no progresa porque no ha estudiado, que no quiere salir de esa situación.

El tema es cómo tener un punto de inflexión. Para lograr este  cambio en la agricultura familiar, el actual gobierno lo puso como uno de sus ejes de trabajo, pero la realidad de la pandemia nos dio otra visión:cosechas sin recoger en campo, precios muy por debajo de los costos de producción, implementación de protocolos del primer mundo (pases laborales), considerando que en muchas zonas de nuestro país no hay internet (impresoras, Smartphone), visión de la realidad desde el punto de vista de la ciudad. En el campo no es así, sigue habiendo problemas en estructura vial, electricidad y la conectividad de internet no se da a lo largo y ancho del país.

¿La solución es la asociatividad? Considero que es un camino viable, sin embargo, es una palabra que trae malos recuerdos para un gran número de personas, es más, considerando que en nuestro país la desconfianza hacia las dirigencias es algo que está implícito. Hay formas de hacerlo: impuesto por el gobierno (no funciona), a través de las Juntas de Usuarios o a través de intereses comunes.

 ¿Serán las Juntas de Usuarios las llamadas a cumplir este rol? La mejor forma de reunir a los agricultores es a través del agua, es lo que más los une, pero ¿cómo fortalecerlas para lograr un gremio más sólido y sostenible?, ¿cómo logramos que se conviertan en los entes que puedan lograr un precio más justo para sus productos?, ¿cómo lograr que se interactúe con los intermediarios quienes son los que fijan los precios de los cultivos?, ¿cómo tener información de primera mano de lo que se viene sembrando a nivel nacional?

A través de intereses comunes es la respuesta. 

Conversaba con un dirigente dedicado a la producción de semilla de papa, formaron la Asociación de Semilleristas el año 2017 con mucho entusiasmo, más de mil productores de semillas, pero a la fecha siguen como al comienzo. ¿Que hace que las asociaciones de este tipo no caminen? Las distancias entre productores, los niveles de tecnología, la falta de comunicación, los reglamentos,  los engorrosos trámites para la personería jurídica (libros, RUC, notarias, registros públicos). 

¿Por qué no englobar a todos desde el inicio?, ¿por qué no empezar de a pocos?

 La asociatividad logra formalización, que es uno de los puntos débiles que ha saltado en esta pandemia, no hay forma de llegar a los campesinos, no están registrados, no se les conoce, el Estado tiene que ver una forma menos onerosa y debe reducir la complejidad.

Debemos asegurarnos de que sean pasibles de créditos agrícolas, que puedan colocar sus productos a un precio justo a los intermediarios con una negociación justa, que puedan acceder a las cadenas de supermercados,  municipalidades,  entregando comprobantes de pago.

De esta forma podemos asegurarnos que los jóvenes vean a la agricultura como una actividad viable, que pueda sustentar y educar una familia y se transforme en un estilo de vida: mejorar el nivel educativo de las zonas rurales, el acceso a tecnología, mejores semillas, mecanización, asesoramiento técnico que tanta falta nos hace.

Nuestra preocupación como CultiVida es cómo llegar a nuestros agricultores y que  entiendan que la protección del usuario es la mejor prevención, que el manejo de los envases vacíos es nuestra mejor alternativa para un ecosistema saludable.

Fuente: Agro Negocios Perú




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